Cientos de actores han llegado a interpretar excelentes personajes en grandes historias en las telenovelas más famosas de América Latina en sus años de carrera y a su vez han conquistado los corazones de sus fanáticos con su impactante atractivo.

Así ha ocurrido con Juan Soler a lo largo de su carrera como actor, el guapísimo argentino enamoró a muchísimas mujeres del mercado latino y en el resto del planeta con sus excelentes actuaciones.

Antes de decidirse por la actuación jugó al rugby y después inició en el modelaje hasta que finalmente escogió la pantalla chica como una de sus anheloes.

La fama no llegó sino hasta que arribó a México y allí despegó por completo cuando consiguió un contrato con la cadena Televisa que le abrió las puertas a millones de hogares en el resto del continente.

Pero no fue hasta el año 2013 cuando firmó la exclusividad de trabajo con la cadena Telemundo y allí realizó muchas producciones para la televisión.

Hasta la fecha el actor argentino ha trabajado en casi 20 telenovelas y en 4 series realizadas para la televisión, pero desde que ha cumplido los 52 años muchos han opinado que ha perdido el atractivo que lo caracterizó por años.

Parece que los años han hecho una gran diferencia en su apariencia física y que no es el mismo galán de telenovelas que conquistó a tantas mujeres latinoamericanas.

Realmente su apariencia dista mucho de aquel guapo actor que protagonizó tantos éxitos mexicanos.

Juan comparte la misma edad que otros galanes como Fernando Colunga o Fernando Carrillo que se ven geniales aún, y muchas personas han llegado a opinar que Juan luce envejecido y poco atractivo.

Es cierto que no luce igual que en sus años de oro de la televisión pero podemos decir que se ve muy bien, su cabello se ha tornado canoso y se ha convertido en un hombre maduro que sigue dando lo mejor en sus actuaciones.

Es importante entender que el tiempo pasa y que los galanes no permanecen jóvenes por siempre; sus actuaciones sí serán eternas pero que sus atractivos serán diferentes, y no significa que dejen de ser guapísimos.