Más allá de esas ventajas, también existen creencias acerca de otros supuestos beneficios de orinar en la ducha. En particular, algunas que hablan de que la orina podría hacer bien a la piel o que podría tener un efecto positivo sobre las heridas y contra las infecciones. Expertos en etnomedicina de la Universidad de Extremadura publicaron en 2017 los resultados de una investigación a través de la cual identificaron 204 usos diferentes de la orina como «medicina tradicional» en España. La mayoría de esos usos (dos tercios del total) aprovechaban las supuestas propiedades de la orina para la salud de la piel.

Es cierto que el principal componente sólido de la orina es una sustancia llamada urea, la cual -según explica el libro Manual para padres quisquillosos, de Ken Jennings (Planeta, 2013)- «tiene propiedades antimicrobianas y ablanda y exfolia la piel». Pero la urea representa alrededor del 2 % de la orina, mientras que en los fungicidas su presencia es de hasta el 40 %.

Una cantidad no pequeña como la que hay en nuestro pis no genera prácticamente ningún efecto al entrar en contacto con la piel. El Grupo de Investigación en Comunicación Científica (GRECC, por sus siglas en catalán), con sede en Barcelona, explica que la llamada orinoterapia, según la cual «la orina tiene propiedades curativas dado su alto nivel en urea y hormonas», en realidad es una pseudociencia: «Su aplicación no resulta beneficiosa en ningún caso».

Por el contrario, dado que «la orina también puede contener una cantidad importante de bacterias y virus en suspensión», los expertos del GRECC especifican que su presunto uso terapéutico puede ocasionar «sobreinfecciones en sus aplicaciones cutáneas, problemas digestivos en su ingesta y hasta la muerte del paciente en sus administraciones por vía intravenosa». Por ello, es importante especificar que orinar en la ducha es recomendable, pero no por los motivos enumerados más arriba y no porque pueda curar heridas ni ninguna enfermedad.